viernes, 29 de agosto de 2025

Idólatras del fracaso

 

Foto: Portal del Ciudadano de La Habana

Leo en Diario de Cuba que la subdirectora del "centro de estudios" dedicado al Orador Orate plantea estrategias para defender su "legado" en el noventa y nueve aniversario de su bastardo nacimiento. No digo bastardo por sus acciones, aunque debería, sino porque nació fuera de «matrimonio» y hace noventa y nueve años eso era algo importante.

También porque los cubanos, Cuba toda, pagamos con creces los complejos con los que debe haber crecido la criatura allá en Birán. El muy bastardo nos hizo pagar a todos sus trastornos por los deslices de Lina y Ángel.

El "centro" está ubicado en una antigua casa en la calle 11 entre Paseo y A. No es una de esas desvencijadas mansiones camino a la ruina que ahora abundan en el otrora lujoso y agradable barrio del Vedado. La casona está remodelada, paradójicamente, con cemento comprado en Miami.

Según ellos mismos, se construyó hace más de cien años, en uno de los solares en los que se dividió la finca Balzaín, de los herederos del conde de Pozos Dulces. El solar le costó a su nuevo dueño la cantidad de 600 pesos de entonces, unos 25,000 dólares de hoy.

Le costó barato, recordemos que aquello todavía era campo abierto.

El propio "centro" te cuenta la historia de la casa que se construyó sobre ese terreno. Cuando Cuba decidió entregar su destino al Orate en enero de 1959, la casa pertenecía a tres hermanos Conill Hidalgo, hijos de Enrique Juan Conill y Rafecas, quien "figura entre los 550 grandes propietarios cubanos antes del triunfo de la Revolución".

Propietarios y revolución. Se jodieron los Conill. El Orate y su pandilla les confiscaron su casona.

No nos dicen qué fue del inmueble entre los años 1960 y el 25 de noviembre de 2021, en que se inauguró el "centro". En aquel entonces, Alberto Alvariño, jefe de patrimonio documental del Palacio de la Revolución, dijo: "Este no es un centro de adoctrinamiento".

Hoy su subdirectora, llamada Sissi Abay, pide que para recordar al Orate se debe "privilegiar" el estudio de "las estrategias" de Fidel Castro para "el desarrollo de la ciencia, la economía, la agricultura, la ganadería y otras muchas ramas esenciales para el desarrollo socioeconómico, además de su confianza extrema en las potencialidades del país y de su gente".

Desarrollo, ciencia, economía, agricultura y ganadería. Pide estudiar todo lo que el Orate ladrón destrozó durante su fatídica estancia en este mundo.

Sissi, como me dijo un cubano hace días acerca de mi libro Se acabó...: para saber el desastre que asoló la isla cautiva no hace falta un libro, solo sal a la calle.

El bastardo llegó robando y se fue robando. Hoy su "centro" está levantado en una vivienda robada, restaurada en medio de un barrio que se cae a pedazos. Como se cae a pedazos lo que fue un país próspero.

Miren cómo dejaron un paradigmático hospital. Y su demolición no es de ahora cuando Cuba colapsa, sucedió hace diez años. Ellos solo sirven para demoler.

Ruinas del Hospital Infantil (Vedado)
Foto: periódico Trabajadores

Desde el Palacio de la Revolución, donde Alvariño ahora cuida sus garabatos, el Orate "desarrolló" esas "estrategias" de "desarrollo". Estrategias creadoras de miseria y de fracaso.

Ah, y que no se nos olvide: ese Palacio de la Revolución también era robado. Antes de que el Orate lo tomara en plan okupa, el edificio se llamaba Palacio de Justicia.

Pero, como el desarrollo, la justicia también se fue de Cuba.

Idolatran el fracaso, como si fuera un éxito.

jueves, 28 de agosto de 2025

El porqué de un título

 

Mucha gente me ha preguntado sobre las razones por las que titulé Se acabó la diversión a mi nuevo libro sobre la economía cubana en los primeros años bajo el poder de Fidel Castro. Les confieso que durante veinte años nunca supe cómo titular ese largo escrito. Largo en tiempo de elaboración, como el texto.

Ya durante la escritura final me llegó una especie de epifanía. Comprendí en un instante, redondeé una idea que rondaba en mi cabeza. Y es que comprendí como un todo lo perfectible que era Cuba como país antes de la llegada del Orate. Perfectible sin necesidad de instaurar un comunismo totalitario y empobrecedor.

Cuba era un país autosuficiente, competitivo, pujante. Los cubanos eran emprendedores, libres. Había ricos, clases medias y, es verdad, muchos pobres. Pero para sacar a esos pobres de su pobreza no era necesario destrozar las clases ricas y medias, destruir toda una economía y cercenar de raíz las libertades políticas.

Hoy todos los cautivos en esa isla cautiva, excepto los Barrigones que la desgobiernan, subsisten en una pobreza inaudita en este siglo XXI.

Sesenta y seis años perdidos. Si en 1959 se hubieran atacado las causas que empobrecían a un sector de los cubanos, ese país no estaría en la situación vergonzosa en la que hoy pena. En aquella Cuba había muchos pobres, pero al menos eran libres.

Hoy son pobres y esclavos.

Es por eso el título Se acabó la diversión.

Me vino de pronto a la mente la canción de Carlos Puebla titulada En eso llegó Fidel, un elogio lambiscón al tirano.

Y dice así:

 

Aquí pensaban seguir,
ganando el ciento por ciento,
con casas y apartamentos
y echar al pueblo a sufrir.

Y seguir de modo cruel,
contra el pueblo conspirando,
para seguirlo explotando...
Y en eso llegó Fidel,
y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.

Y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.

Aquí pensaban seguir,
tragando y tragando tierra,
sin sospechar que en la sierra
se alumbraba el porvenir.

Y seguir de modo cruel,
la costumbre del delito,
hacer de Cuba un garito...
Y en eso llegó Fidel,
y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.

Y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.

Aquí pensaban seguir,
diciendo que los cuatreros,
forajidos, bandoleros,
asolaban al país.

Y seguir de modo cruel,
con la infamia por escudo,
difamando a los barbudos...
Y en eso llegó Fidel,
y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.

Y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.

Aquí pensaban seguir,
jugando a la democracia,
y el pueblo, que en su desgracia,
se acabara de morir.

Y seguir de modo cruel,
sin cuidarse ni la forma,
con el robo como norma...
Y en eso llegó Fidel,
y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.

Y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.

 

Carlos Puebla se alegraba, alababa, que Fidel Castro mandara a parar la democracia y la libertad.

Fidel Castro llegó a parar la diversión: la diversión de ser libres, de prosperar, de tener tu propio negocio, de tener libertad de movimiento, de asociación y derechos políticos.



Y en eso llegó Fidel, y todo eso se perdió. De eso trata mi libro, para que no nos pase nunca más.