Leo en Diario de Cuba que la subdirectora del "centro de estudios" dedicado al Orador Orate plantea estrategias para defender su "legado" en el noventa y nueve aniversario de su bastardo nacimiento. No digo bastardo por sus acciones, aunque debería, sino porque nació fuera de «matrimonio» y hace noventa y nueve años eso era algo importante.
También porque los cubanos, Cuba toda, pagamos con creces los complejos con los que debe haber crecido la criatura allá en Birán. El muy bastardo nos hizo pagar a todos sus trastornos por los deslices de Lina y Ángel.
El "centro" está ubicado en una antigua casa en la calle 11 entre Paseo y A. No es una de esas desvencijadas mansiones camino a la ruina que ahora abundan en el otrora lujoso y agradable barrio del Vedado. La casona está remodelada, paradójicamente, con cemento comprado en Miami.
Según ellos mismos, se construyó hace más de cien años, en uno de los solares en los que se dividió la finca Balzaín, de los herederos del conde de Pozos Dulces. El solar le costó a su nuevo dueño la cantidad de 600 pesos de entonces, unos 25,000 dólares de hoy.
Le costó barato, recordemos que aquello todavía era campo abierto.
El propio "centro" te cuenta la historia de la casa que se construyó sobre ese terreno. Cuando Cuba decidió entregar su destino al Orate en enero de 1959, la casa pertenecía a tres hermanos Conill Hidalgo, hijos de Enrique Juan Conill y Rafecas, quien "figura entre los 550 grandes propietarios cubanos antes del triunfo de la Revolución".
Propietarios y revolución. Se jodieron los Conill. El Orate y su pandilla les confiscaron su casona.
No nos dicen qué fue del inmueble entre los años 1960 y el 25 de noviembre de 2021, en que se inauguró el "centro". En aquel entonces, Alberto Alvariño, jefe de patrimonio documental del Palacio de la Revolución, dijo: "Este no es un centro de adoctrinamiento".
Hoy su subdirectora, llamada Sissi Abay, pide que para recordar al Orate se debe "privilegiar" el estudio de "las estrategias" de Fidel Castro para "el desarrollo de la ciencia, la economía, la agricultura, la ganadería y otras muchas ramas esenciales para el desarrollo socioeconómico, además de su confianza extrema en las potencialidades del país y de su gente".
Desarrollo, ciencia, economía, agricultura y ganadería. Pide estudiar todo lo que el Orate ladrón destrozó durante su fatídica estancia en este mundo.
Sissi, como me dijo un cubano hace días acerca de mi libro Se acabó...: para saber el desastre que asoló la isla cautiva no hace falta un libro, solo sal a la calle.
El bastardo llegó robando y se fue robando. Hoy su "centro" está levantado en una vivienda robada, restaurada en medio de un barrio que se cae a pedazos. Como se cae a pedazos lo que fue un país próspero.
Miren cómo dejaron un paradigmático hospital. Y su demolición no es de ahora cuando Cuba colapsa, sucedió hace diez años. Ellos solo sirven para demoler.
Desde el Palacio de la Revolución, donde Alvariño ahora cuida sus garabatos, el Orate "desarrolló" esas "estrategias" de "desarrollo". Estrategias creadoras de miseria y de fracaso.
Ah, y que no se nos olvide: ese Palacio de la Revolución también era robado. Antes de que el Orate lo tomara en plan okupa, el edificio se llamaba Palacio de Justicia.
Pero, como el desarrollo, la justicia también se fue de Cuba.
Idolatran el fracaso, como si fuera un éxito.