Mientras los Panzones del Comité Central del Partido Destructor de Cuba se sientan alrededor de una mesa a seguir contándose mentiras y repetir consignas vacías, los verdaderos dueños del manicomio que es hoy la isla de Cuba siguen —en lo oscuro, como siempre— haciendo sus movimientos malignos.
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Hace unos días, las fuerzas armadas de Estados Unidos interceptaron un barco fantasma que, procedente de Venezuela, se dirigía a Cuba y luego a no se sabe a dónde. No era una de esas lanchas pequeñas que transportan drogas a alta velocidad; era un supertanquero con capacidad para dos millones de barriles de crudo.
Navegaba bajo bandera guyanesa, solo que esto también era falso. Iba cargado con petróleo de contrabando. Descargarían un poco para abastecer unas horas el desvencijado sistema —es un decir— eléctrico cubano y el resto se enviaría a China, a Irán o a sepa usted a qué otra nación de las que pertenecen al lado enemigo de la libertad.
Bueno, la Secretaría de la Guerra del Gobierno de Trump lo interceptó, lo ocupó y lo confiscó. A los que chillan diciendo que eso es un robo, les recuerdo que el Orador Orate confiscó tres refinerías de petróleo en la Cuba de 1960. Refinerías de empresas norteamericanas y holandesas. Lo peor es que no paró ahí: confiscó todo el país. Lo cuento en Se acabó la diversión.
Y sí, mientras los Barrigones están en su inútil reunión, los verdaderos dueños de lo que queda de la isla siguen haciendo de las suyas. Al Barrigón número 1 lo tienen acorralado, le metieron al compadre Gil a cadena perpetua, le pusieron a un vice primer ministro sobrino nieto del asesino Raúl Castro y hace unos días, por primera vez, un militar que no tiene rango de ministro ocupó una silla en el Buró Político. En baloncesto eso se llama “gardeo”.
Los gordos hablando mierda en La Habana, mientras el Cangrejo Castro, el nieto favorito del asesino, no para de viajar en un avión ejecutivo. Y no se la pasa viajando a ciudades turísticas como el resto de los hijos de papá de la cúpula.
No, este personaje de estampa lombrosiana no para de viajar entre La Habana y lugares que son, o paraísos fiscales, o productores de estupefacientes, o enemigos, abiertos o velados, de Estados Unidos.
Hace viajes recurrentes a Panamá, a islas Caimán, a Bahamas, a Caracas. Usa el mismo avión ejecutivo, un Falcón 900X, matrícula T7-77PR. Un avión regalado a la dictadura de los Barrigones por la narcodictadura del cártel de los Soles. Es igual al Falcon del que no se baja Pedro Sánchez, el corrupto político al frente del gobierno de España.
El Cangrejo Castro no viaja en Cubana de Aviación. Es que su tío abuelo y su abuelo la confiscaron en 1959 y ahora ya no tiene aviones. Además, la élite no se rebajaría a viajar con sus oprimidos.
¿Para qué son esos viajes?
Esté usted seguro de que no es buscando inversiones útiles para su país ni mendigando donaciones para calmar un poco el hambre y la miseria de sus cautivos. Pero la pregunta es válida.
¿A qué va? ¿Qué lleva o trae de esos viajes usando su pasaporte diplomático?
Y les decía que el individuo viaja a países enemigos abiertos y a enemigos taimados de Estados Unidos. Resulta que el Falcón que utiliza estuvo parqueado durante varios días en el aeropuerto de Apodaca, en Monterrey, México. Este último, un aeropuerto menor administrado por los militares mexicanos.
Tan solo el martes 9 de diciembre, en un solo día, estuvo en islas Caimán, Cuba, Colombia y Panamá —dos países por los que entra y sale el contrabando venezolano— y México.
De acuerdo con un reportaje de Latinus, una plataforma mexicana, y cito:
El 5 de diciembre, la aeronave salió desde George Town, la capital de las islas Caimán, y llegó al aeropuerto de Panamá; al día siguiente voló a Nueva Gerona, en Cuba.
Sin embargo, al pasar tres días, el 9 de diciembre realizó otra serie de numerosos viajes: salió desde las Islas Caimán con dirección a la Ciudad de Panamá y después a la Isla Providencia, en Colombia.
Más tarde, el T7-77PR volvió a aparecer en el radar en La Habana, Cuba, y de ahí comenzó su viaje a México, donde llegó a Cozumel.
Y ese mismo 9 de diciembre se trasladó desde Tulum al Aeropuerto Internacional del Norte, en Apodaca, Nuevo León, donde se reporta que permaneció por varios días.
Qué raro, ¿verdad?
El avión del Cangrejo Castro no aterriza en aeropuertos principales: aterriza en islas, en la isla de Pinos, donde no hay nada. No fue a Bogotá ni a Cartagena; aterrizó en la Isla Providencia. Luego no fue al destartalado aeropuerto de Ciudad de México, sino a Cozumel y después a Apodaca.
Qué raro, ¿verdad?
En 2022, por México también pasó un avión. No era un Falcón, era un Boeing 747-300. Como el supertanquero, también portaba matrícula falsa. El avión descargó y cargó no solo mercancías, sino también personas. No eran turistas, eran miembros de la Guardia Revolucionaria iraní. Terroristas, pues.
Qué raro, ¿verdad?
Mientras tanto, los Barrigones siguen en sus reuniones, la prensa tiene puesta su atención en el cerco militar a la narcodictadura del cártel de los Soles, y los cubanos siguen sin electricidad, sin comida, sin medicinas, sin libertad y sin futuro.
Pero el Cangrejo Castro, además de mandar a sus amigos a abrir empresas en Estados Unidos, se la pasa de un lado a otro tejiendo una telaraña de corrupción y de maldad.
Cangrejo Airlines, y nadie hace nada.



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