La complicidad y afinidad ideológica del gobierno de Claudia Sheinbaum con la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba es asombrosa. No solo es asombrosa, es sincera.
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La relación de Claudia Sheinbaum con Cuba tiene su origen un siglo atrás, cuando sus abuelos, de ascendencia judía, llegaron a América, y a Cuba, desde Lituania y Bulgaria.
Su abuelo Salomón, según ha referido el historiador César Reynel Aguilera, llegó a Cuba procedente de Europa del Este. Ya en La Habana fue uno de los fundadores del primer Partido Comunista de Cuba, en 1925. Hace cien años. En 1928, junto a su hermano Jonas, fueron expulsados a México.
En México nació Carlos, el padre de Claudia Sheinbaum, quien se convirtió en el secretario de Organización de la Juventud Comunista Mexicana entre 1953 y 1959. Isidoro Malmierca —y me sigo basando en la información de Aguilera— era un comunista cubano, jefe, en su juventud, de las Juventudes Masónicas de Cuba, y en sus memorias dijo que, en esos mismos años, él fue el encargado de proveer a los jóvenes comunistas mexicanos de recursos e instrucciones enviados desde Moscú.
Los genes "revolucionarios" de Claudia Sheinbaum la hicieron, desde muy joven, partícipe de varios movimientos estudiantiles universitarios en la Ciudad de México, hasta que, en el año 2000, su mentor hasta nuestros días la integró a su gabinete de gobierno.
En diciembre del año 2000, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) la nombró secretaria del Medio Ambiente del Distrito Federal. Cuando su mentor perdió las elecciones presidenciales del 2006 y casi enloquece, la pupila, disciplinada, lo acompañó en todas las ridiculeces que hizo el individuo.
Su carrera política, nunca independiente, despegó en 2015 cuando ganó la elección para ser jefa delegacional de Tlalpan, y luego en 2018, cuando llegó a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
En Tlalpan la recuerdan porque, gracias a la desidia y corrupción de su administración, murieron veintiséis niños y siete adultos cuando colapsó el colegio Enrique Rébsamen. Lo tumbó un temblor; el inmueble había sido ampliado sin seguir las normas de seguridad. Desidia y corrupción.
En la Ciudad de México la recuerdan de cuando, por falta de mantenimiento, colapsó la Línea 12 del Metro, matando a veintisiete personas. Corrupción y cinismo.
Por último, fue la elegida por Andrés Manuel López Obrador para sucederlo; en las formas, no en el fondo, en la presidencia de México. Disciplina y docilidad son valores invaluables en los sistemas totalitarios, e incluso en los autoritarios.
Y autoritarismo es lo que AMLO, y ahora Sheinbaum, han impuesto en México sobre la desarmada, pieza por pieza, democracia mexicana.
Y todo esto se refleja en el apoyo sistemático y multifacético que el gobierno de esta señora ha ofrecido y prestado a la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba.
No es solo apoyo político en foros internacionales, no: es apoyo real. Apoyo que le cuesta miles de millones de pesos a los mexicanos.
Dice Claudia Sheinbaum que es "ayuda solidaria" al pueblo cubano.
No.
Es ayuda partidaria hacia una dictadura inepta que no solo ha arruinado lo que fue un país próspero, sino que ha llevado a sus habitantes cautivos a una catástrofe humanitaria sin precedentes en la historia de la isla, mientras ejerce una represión constante y también sin precedentes.
Su gobierno, como el de su antecesor, aceptó la contratación de brigadas de personal médico cubano en un país en el que hay miles de médicos desempleados. La paga por su trabajo —trabajo opaco, por cierto— no es a los supuestos o reales médicos. Se les paga dinero de los mexicanos directamente a los dictadores cubanos.
Lo mismo hicieron Chávez y Maduro.
Ahora, con el tema del petróleo, la señora ha demostrado —y está demostrando— una vez más sus simpatías hacia el comunismo totalitario. Lleva toda su administración regalándoles petróleo a las garrapatas barrigudas de La Habana.
Petróleo de todos los mexicanos. La misma señora que en el 2008 coordinaba el Movimiento en Defensa del Petróleo, en contra de la apertura de esta industria a las inversiones privadas y al establecimiento de reglas claras y transparentes para su explotación.
Defendía el petróleo contra los capitalistas, para regalárselo a los comunistas.
Ayer escuché en la radio, aquí en México, al periodista Ciro Gómez Leyva ―a quien mandaron a asesinar durante el gobierno de AMLO―, que el tanquero Swift Galaxy, que salió desde México para asistir a los dictadores cubanos y fue desviado por presiones de Donald Trump, andaba por... Rusia.
Anduvo, con su misteriosa carga, por Jamaica, por Colombia, luego se fue rumbo a Dinamarca, donde atracaría, con su misteriosa carga, el 4 de febrero pasado. Y no: está en el puerto ruso de Ust-Luga, en el golfo de Finlandia.
No han llegado tanqueros mexicanos a Cuba, pero ahora salen denuncias de que la gasolina está llegando en contenedores de carga. Hay que reconocer que los mexicanos tienen chispa y se sobreponen a cualquier control que se les atraviese.
Si no me creen, miren cómo corre la droga por las calles de Estados Unidos, a pesar de tantos controles fronterizos.
No sabemos el monto exacto de lo que el gobierno de Claudia Sheinbaum le ha robado en hidrocarburos a los mexicanos. Pero al menos son mil millones de dólares.
Lo que sí sabemos es que también les robó 189 millones de pesos, unos once millones de dólares, en libros. Sí: el gobierno de México imprimió 7.1 millones de libros para el sistema educativo y de adoctrinamiento que esa Junta Militar de Barrigones les impone a los niños en lo que queda de Cuba.
Cabe preguntarse, toda esa apasionada defensa, tanto petróleo, tanto dinero, y hasta libros de texto, ¿a cambio de qué?



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