Foto: Periódico Cubano
El portal de noticias y análisis Axios ha publicado en una de sus típicas sucintas notas que el secretario de Estado Marco Rubio ha estado en comunicación con Raúl Guillermo Rodríguez Castro. Este individuo, con fenotipo de neandertal, es nieto del dictador Raúl Castro.
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Es hijo de Déborah Castro Espín y Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, quien, hasta su muerte en julio de 2022, estuvo a cargo del conglomerado Gaesa, dueño de tres cuartas partes de lo que queda de Cuba y de un abundante número de empresas en el extranjero.
Es decir, según Axios, el secretario de Estado conversa con uno de los herederos directos del dictador asesino. Basan sus dichos en informaciones filtradas por “altos funcionarios” de la administración Trump.
A mí me suena raro que un secretario de Estado como Marco Rubio esté conversando o negociando con este sujeto al que todo el mundo conoce como “el Cangrejo”. Según se sabe, siempre ha sido un “hijo de papá”, aficionado a los lujos, las fiestas y los excesos. Es como la versión macabra de Sandro Castro.
Por ese lado macabro, ha fungido como guardaespaldas de su abuelo desde que Fidel Castro le heredó el fracaso hasta estos días en que se le ve en estado senil.
Es decir, por un lado tenemos la versión de que el crustáceo es un vacilador despreocupado que no merecería atención de parte de un alto funcionario del gobierno de Trump. Por otro lado, es el hijo de quien controlaba el dinero y las propiedades del segundón de los Castro y el miembro de la dictadura más cercano al todavía dictador en jefe.
Que salga información de que Marco Rubio conversa con este nefasto personaje, despreciado por los cubanos ―tanto los de la isla como los del exilio―, bien podría ser una operación de desinformación para dividirnos, tanto en la isla como aquí en el exilio.
Bien podría serlo, pero también podría ser que no.
Por mucho que este Cangrejo nos revuelva el estómago con su presencia y porte, no solo es hijo del que administraba el dinero, o nieto del que todavía parece que manda, al parecer también tiene una posición de poder dentro de esa Junta Militar de Barrigones.
Lo pudimos ver hace unas semanas cuando la cúpula de estos ineptos se reunió para recibir los paquetes de picadillo de mercenarios que les mandaron desde Caracas después de la captura y extracción de Nicolás Maduro.
Se los comenté entonces: el Cangrejo era uno de los pocos que portaba pistola. Fue él quien ubicó a lo que queda de su abuelo, al hijo de puta de Machado Ventura, en sus lugares para el ridículo homenaje. No solo eso, también le indicó a Díaz-Contados dónde pararse.
Y es que hay gestos que develan realidades.
Ha sido el Cangrejo quien se la ha pasado viajando entre La Habana y Panamá. Es él con quien se han relacionado numerosas empresas en ese país, como también en Estados Unidos. Empresas dedicadas a abastecer a la dictadura con todo tipo de productos, al tiempo que lavan su dinero.
Hablando de dinero, ellos, los Castro Espín, están defendiendo el suyo. Raúl Castro es un asesino al borde de la tumba, pero sus hijos y nietos, por lógica, estarán negociando el resto de sus vidas, si no sus vidas mismas.
Por asqueroso que suene, Marco Rubio y Donald Trump podrían estar utilizando a este Cangrejo para una transición en Cuba. Es miembro del grupo que en realidad ostenta el poder en ese cascarón de dictadura.
Por un lado, aunque me repugne, lo veo posible. La realidad a veces no se corresponde con la decencia. Se destrabaría el dominó, al tiempo que este Cangrejo y el resto de la camarilla Castro Espín quedarían desacreditados ante los cautivos de la isla después de sesenta y siete años en los que se han pasado hablando de soberanía y antimperialismo.
Quedarían desacreditados y sumisos, como hoy están Delcy, su hermano, Cabello y Padrino.
Desde el principio, desde que Trump puso su atención sobre lo que queda de Cuba, se ha sabido que lo que se negocia no incluye ni a Díaz-Contados ni a Marrano.
Probablemente terminen junto al gil de Gil o de vecinos de Maduro en la Gran Manzana. Qué bonito sería.
Para nosotros, los cubanos libres, el que la administración Trump esté negociando —si es que Axios tiene razón— con los vástagos de Raúl Castro, o con él mismo, será una bofetada que tardaremos en olvidar, si estos asesinos empobrecedores salen ilesos después de destruir nuestra nación.
Ya veremos.
De que se está moviendo algo, se está moviendo. Bruno Rodríguez Parrilla, canciller de la Junta Militar, anda por Europa. Fue a Moscú y luego a Madrid. Allí, en Madrid, coincidentemente, está Mike Hammer, el inquieto embajador de Trump en La Habana, mientras Marco Rubio también andaba por Europa dando discursos memorables.
Qué casualidad. Me recuerda esto a cuando Delcy Rodríguez andaba por Moscú la madrugada en que los chicos de la 160th se llevaron a Maduro y compañía.
De este lado del charco, vemos el espectáculo de nuestros congresistas estrellas desempolvando el caso contra Raúl Castro por la masacre contra las avionetas de Hermanos al Rescate. Desempolvándolo con treinta años de retraso.
Circo para sus votantes.
Lo que deberían estar gestionando es la extracción del anciano asesino, del Cangrejo y del resto de estas sabandijas que tanto daño y muerte han provocado a Cuba y a los cubanos.
Eso sería lo mejor, pero lo mejor a veces no es lo realizable. Donald Trump no tiene por qué defender los intereses de Cuba; es presidente de Estados Unidos, no de la destruida isla. Marco Rubio ya no está en el legislativo, ya no depende de nuestros votos; ahora trabaja para Trump, no para nosotros.
Así que no nos queda otra que abrir nuestras mentes y apretar nuestros corazones. Con tal de lograr la libertad de Cuba, hay que tener mente abierta. Hablar con quien sea. Cuando salgamos de ellos, ya veremos cómo proceder.
Les haremos pagar su fiesta asesina después de que los cubanos sean libres, después de que tengan luz, gas, comida y, sobre todo, libertad.
Mientras tanto, si fuera verdad lo que dice Axios, tendremos que comer cangrejo, aunque no nos guste.


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