miércoles, 28 de enero de 2026

¿Se le está yendo la mano a Trump?

 

Foto: Forbes

El tono y las maneras de hacer las cosas son muy importantes en la vida. Se los dice alguien con un mal genio endémico, pero que de dormir en la calle hoy pernocta bajo techo propio con bastante tranquilidad. Treinta años persiguiendo la chuleta para ponerla en la mesa me han enseñado que, como les he dicho, el uso del lenguaje y las formas de actuar te pueden abrir o cerrar puertas.

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Hace un rato desperté y vi un mensaje de mi editora. Si le fuera a responder de inmediato, la mandada para el carajo sería galáctica. Sería la respuesta propicia para el tono de su mensaje; el contenido, sin embargo, no estaba errado, pero el tono, el tono desentonaba.

Y creo —les he dicho— que las maneras con las que Donald Trump y su equipo están actuando les traerán consecuencias negativas en algún momento en el futuro. Y no es que estén actuando incorrectamente; al contrario, esta administración ha sido efectiva en atender todos los problemas que dejó tras de sí la desastrosa gestión de Joe Biden, o de quien quiera que ejerciera el poder en esos años.

La economía florece, los impuestos han bajado, Estados Unidos ha vuelto a ser respetado en el mundo. Nunca seremos queridos, pero ahora volvieron a respetarnos. Trump ha resuelto muchos conflictos mundiales; en otros ha logrado treguas.

Groenlandia finalmente será defendida tanto por Estados Unidos como por Dinamarca y los países de la OTAN. México y Canadá han dejado de ser la puerta trasera para las importaciones chinas a Estados Unidos.

El programa nuclear iraní regresó a sus inicios, mas no la maldad de ese régimen fanático y asesino. Ya veremos si Trump cumple su palabra y toma represalias contra la carnicería que esos ayatolás ejecutan sobre quienes se les oponen.

Los ucranianos ya tienen armas para seguir conteniendo a un invasor al que no se le acaban los soldados, más aún ahora que ponen en el frente a mercenarios de varios países, incluidos cubanos.

Nicolás Maduro y su esposa ahora viven tras las rejas de una cárcel en Nueva York. También lo hacen casi un centenar de narcotraficantes mexicanos. En Caracas gobierna una corrupta hipócrita que ahora obedece lo que se le ordena desde Washington, al menos públicamente. Yo no me fío de ninguno de ellos.

El trasiego de drogas por el Caribe y el Pacífico centroamericano desapareció. Ahora van contra el tráfico terrestre. De igual manera con el de petróleo y combustibles desde Venezuela, fuente de financiamiento de dictaduras y de oscuros intereses.

La dictadura cubana se tambalea, no tanto por Trump, sino por su propia ineficiencia, pero ahora más desde que Trump cortó el cordón umbilical con el que esa Junta Militar de Barrigones exprimía la riqueza de Venezuela.

Claudia Sheinbaum, cómplice ideológica de esos Barrigones, intentó tirarles un cabo, un cabito más bien. Al parecer ya la limitaron desde su vecino del norte. Se jodieron los Panzones, al menos por ese lado. Incluso Rusia y China observan de brazos cruzados o, como mucho, les ofrecen un tibio apoyo.

Por el lado de sus cautivos, de los cubanos que sobreviven en la isla, estos parecen estar más tranquilos. La capacidad de “resistencia” de ese “pueblo” rebasa cualquier entendimiento lógico.

La frontera sur, que era una autopista de migrantes en tiempos de Biden, es al día de hoy una frontera segura, como siempre debió ser. Una migración usada como arma para alterar el equilibrio demográfico y, por ende, el político. Si no me creen, vean cómo está Europa y hacia dónde va.

Entre los millones de inmigrantes que Biden dejó entrar hay una mayoría de personas decentes, de familias que, huyendo de la pobreza, la inseguridad y la represión, llegaron de una manera u otra a tierras de libertad.

Una minoría, numéricamente significativa, no vino para eso. La desidia, o el interés, de la administración Biden permitió la entrada de decenas de miles de delincuentes, desde ladrones y criminales sexuales hasta asesinos y pandilleros. Los dejaron entrar a nuestras calles, a nuestros vecindarios.

La reacción lógica, y agradecible, es capturarlos, procesarlos y deportarlos. Está escrito en la ley. Como les conté una vez, para el caso cubano, no vienes a bailar a casa del trompo, y menos a la de Trump.

Y aquí viene de nuevo el tema de los modos, de las formas. La forma de actuar del Immigration and Customs Enforcement, más conocido como ICE, ha sido efectiva y necesaria, pero también ha sido ruda, violenta e irrestricta.

La muerte del enfermero Alex Jeffrey Petti, y antes la de Renee Nicole Good, son ejemplo de ello. Y no digo que sea culpa de los agentes de ICE; digo que la forma frontal de enfrentar un movimiento antidemocrático —que es lo que es la revuelta en Minneapolis— crea exactamente la percepción que este movimiento busca: la percepción de que el gobierno de Donald Trump es represivo, cuando lo que busca es el cumplimiento de la ley y la seguridad de sus ciudadanos.

 

Foto: NPR

 

Y no digo que no tenga que ser así ante los violentos criminales que persigue. Lo que digo es que la percepción del público también importa. Importa mucho, tanto desde el punto de vista humano como desde el electoral. El público vota, y muchas veces lo hace a partir de percepciones.

Estados Unidos es una democracia, perfectible como todas, pero es quizás la democracia más sólida de este planeta. Sí, así es, aunque algunos de extrema izquierda digan lo contrario.

Vienen elecciones intermedias y en tres años Donald Trump tendrá que mudarse de la Casa Blanca. Las malas formas que él y su equipo han desplegado en este primer año, de no corregirse, traerán una ola contraria a todas sus efectivas y necesarias acciones.

Mientras más se alargue este período de imposición frontal de sus criterios y acciones, tanto en los temas domésticos como en los internacionales, más dura será la reacción en contra de todas estas efectivas acciones que no han hecho más que recuperar el rumbo de este gran país.

Mientras más gente, votantes, ofendan Trump y su administración, más anti-Trump será la reacción electoral.

Falta tiempo para las elecciones intermedias de noviembre de 2027 y años para las presidenciales del año siguiente. Sería una lástima que tan buen trabajo se perdiera por las malas formas, los tonos, los modos y las maneras de actuar.

 

Foto: ABC News
 
 

Si esto es aplicable a una editora, imaginen lo importante que es para quienes detentan en sus decisiones el rumbo de una nación.

Sería una lástima y una vergüenza echar por la borda tan buen trabajo solo por ser groseros y prepotentes.

A Trump ya le sucedió en 2020: perdió la elección ante un maniquí senil. Perdió luego de haber ejercido un buen gobierno.

Perdió por grosero, por no tener maneras. Ojalá recapacite.

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