Claudia Sheinbaum habló hace dos días durante cuarenta minutos con Donald Trump.
Después de terminada la llamada, el presidente de Estados Unidos la calificó como una mujer excepcional. Que no lo es.
El día antes, Marcelo Ebrard, secretario de Economía de México, estaba en Washington D. C. reuniéndose con Jamieson Greer, representante comercial, y Howard Lutnick, secretario de Comercio.
Estaban negociando el tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.
Es el bloque comercial más poderoso del mundo, pero, al parecer, ni Canadá ni México se dan cuenta.
Después de la llamada con Sheinbaum, la de cuarenta minutos, Trump firmó la orden sobre el peligro que representa la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba.
En esa orden, Trump delegó en Lutnick la aplicación de sanciones a quienes le vendan combustibles a los Panzones.
Delegó la ejecución al mismo funcionario que estaba negociando con el secretario de Economía mexicano dos días antes.
¿Qué quiere decir esto?
China solo manda a los Panzones arroz para repartir entre los hambreados.
Rusia ya no manda petróleo a la isla fallida.
Si México manda petróleo a la dictadura, será con la venia de Trump.
Claudia Sheinbaum aceptará todas las exigencias del 47, mientras pueda proteger a su mentor en La Chingada.
Está haciendo de todo con tal de no entregar a ningún narcopolítico de su partido Morena, con tal de no entregar a los corruptos hijos de su mentor, con tal de no llevar a la justicia a su papá Andrés Manuel.
Los Panzones de La Habana son fichas cambiables, para que el FBI no desembarque en el rancho del viejito empobrecedor. Su mentor y custodio.
Si no manda el petróleo, será gracias a Trump.
En la Cuba que dejé en 1995 a eso le decían que "le metieron el pie".
A los Panzones, se les acabó la diversión.
Ojalá, ojalá.
Libertad y prosperidad.



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