Foto: Amexi
Desde que Andrés Manuel López
Obrador (AMLO) se hizo, de manera ilegal —pues no era residente en esa urbe—,
de la jefatura de gobierno de la Ciudad de México en el año 2000, implantó un
sistema de conferencias matutinas que se conocieron como “mañaneras”.
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Esto le permitía controlar la
narrativa noticiosa del país. Estaciones de radio y de televisión transmitían
en vivo las barrabasadas que el individuo disparaba cada mañana. No importaba
que fueran medias verdades, tergiversaciones o evidentes mentiras. Toda la
prensa reportaba sus dichos.
No era un método nuevo; la
mayoría de los dictadores y líderes autoritarios populistas lo han empleado.
Fidel Castro, el Orador Orate, al principio de su dictadura hizo lo mismo;
luego ya no tanto. Después de confiscar todos los medios de prensa, no necesitaba
decir lo que le interesaba de manera directa: lo hacían sus papagayos.
AMLO finalmente, después de
muchos intentos, llegó en 2018 a la presidencia de México. Había perdido las
dos elecciones anteriores, pero en 2018 la mala —o nula— gestión de Enrique
Peña Nieto, la complicidad de este y de buena parte de la prensa y la sociedad,
así como, según parece, el apoyo monetario y logístico tanto de algún cártel
del narco como de las dictaduras cubana y venezolana y parte de la izquierda
española, lo sentaron en la silla presidencial.
Después de seis años de endeudar
al país, asfixiar su economía, dejar hacer lo que quisieran los cárteles y
desarmar el aparato democrático, entregó, de manera formal —aunque
evidentemente no de manera real—, el poder a su pupila Claudia Sheinbaum.
La señora, a diferencia de AMLO,
que es un camaleón ideológico, sí viene de un mundo doctrinario. Doctrinario
del comunismo ortodoxo. Como ella, llegaron a ocupar posiciones relevantes en
el gobierno federal personajes del mismo huerto, con nombres como Lenia, Martí
o Marx.
Sheinbaum terminó la obra de AMLO
desapareciendo el Poder Judicial independiente, que era el último bastión que
resistía el autoritarismo impuesto al cascarón que queda de la antigua
democracia mexicana.
También heredó, y adoptó, el
método de las conferencias “mañaneras” para manipular y guiar a la opinión
pública a favor de los intereses de su gobierno. Y si su mentor era un tipo sin
el más mínimo ápice de vergüenza para mentir descaradamente, la señora tiene la
agilidad mental de un perezoso tico y el carisma de una endoscopía.
El periodista Raymundo Riva
Palacio le preguntó a ChatGPT cómo describir lo que dice Sheinbaum en la
“mañanera”, y este programa de inteligencia artificial le contestó lo
siguiente:
Vamos a hablar de dos cosas que
no son dos cosas distintas, sino la misma cosa: que todo va bien… aunque
claramente no todo va bien.
Porque, miren, en la Cuarta
Transformación las contradicciones no son contradicciones, son procesos
dialécticos de profundización histórica. Es decir: si ayer dijimos A y hoy
decimos no-A, en realidad seguimos diciendo A, pero con mayor conciencia. Y
eso, compañeras y compañeros, se llama coherencia transformadora.
En cualquier tema nacional o
internacional la señora se enreda en respuestas contradictorias. Si le
preguntan si el envío de una serie de narcotraficantes presos a Estados Unidos
fue por presiones de Trump, dice que no, que México es un país soberano.
Y así en muchos otros temas,
donde cede ante la administración norteamericana mientras clama que no
“aceptamos presiones” o que colaboran en un marco de respeto mutuo.
Como Cantinflas, quien en el
mundo actual hubiera nadado como pez en el agua política de estos días.
Todo esto lo hace, repito,
mientras desarma lo que queda de democracia en México y mientras se une o apoya
a cualquier causa que pueda afectar políticamente a su poderoso vecino.
No solo regaló los libros de
texto para los niños cautivos de la Junta Militar de Barrigones que desgobierna
lo que queda de Cuba y recibe miles de supuestos médicos cubanos mientras hay
médicos mexicanos desempleados, también utiliza los consulados de su país en
Estados Unidos para repartir textos antinorteamericanos.
Y en el tema de los combustibles,
el cantinfleo —si existe esa palabra— llega a extremos memorables, como ningún
presidente mexicano lo ha hecho.
Si le preguntan sobre qué
contratos se hace el envío de petróleo a los Panzones de La Habana, dice que no
sabe, pues quien los embarca es una empresa privada llamada Gasolinas del
Bienestar y, como es privada, no tiene información.
Cuando le dicen que Gasolinas del
Bienestar pertenece a Pemex, una empresa estatal, dice que sí, pero que no; que
sí pertenece a Pemex, pero que no tiene información.
Hace unos días se divulgó la
noticia de que Pemex había dejado de enviar combustible a la dictadura. Yo lo
dudé. Lo que no dudo es que sí lo sigan enviando. Enviándolo de manera opaca.
Hoy sabemos que los Barrigones de
La Habana revendían más del sesenta por ciento del petróleo que les mandaba la
narcodictadura de Maduro y los Soles. Lo revendían mientras los cubanos viven
bajo apagones generalizados y cocinan con leña.
Ya no llega petróleo venezolano a
la isla fallida, pero sigue llegando el mexicano. Bueno, no es que llegue: se
les manda desde México, pero no llega a la isla.
Y les pongo el ejemplo del
tanquero Swift Galaxy, de 700 000 barriles de capacidad. Zarpó de la refinería
de Pajaritos, en Veracruz, el pasado diciembre, oficialmente rumbo a Jamaica
para refinárselo a Cuba, pero se fue a Colombia y ahora anda por Dinamarca.
Por esa zona anda aquel otro
tanquero, al servicio de Gaesa, el Mia Grace, del que hablamos el otro día. El
que andaba por Amberes, luego se fue a Togo y, en vez de regresar a Cuba, se
dirigió a Santo Domingo.
Todo turbio, oscuro. Complicidad
ideológica y geopolítica.
El 27 de enero pasado, cuando se
difundió que México no enviaría más petróleo a la dictadura cubana, la señora
Sheinbaum dijo que “es una decisión soberana y Pemex toma sus decisiones”.
Al día siguiente reculó y dijo:
“Yo nunca hablé de si se había suspendido”. Y volvió con la cantaleta de la
solidaridad, que no es otra cosa que apoyo total y complicidad con la Junta
Militar que tiene a Cuba en ruinas y a sus habitantes en medio de una catástrofe
humanitaria.
“Solidaridad”, en forma de
hidrocarburos, que no se usa para mejorar la vida de esos desdichados, sino
para engordar las arcas y las panzas de esos ineptos malnacidos.
En poco más de un año les ha
enviado más de mil millones de dólares robados a los mexicanos para sostener un
régimen que colapsa. Un régimen empobrecedor y maligno.
En sus tiempos de líder
estudiantil, la joven Claudia se desgañitaba en los mítines gritando en contra
de la exportación de petróleo. Exportación pagada en dólares al Pemex de los
mexicanos.
En 2026, en esa “mañanera”, dice
que al pueblo de México no le importa mucho el petróleo.
Les digo, como Cantinflas, aunque
en vez de gracia derrocha hipocresía.
Mientras, les sigue robando a los
mexicanos para sostener a los parásitos de La Habana.
Cosas de locos, o de comunistas.
Hablando de locos, ayer Trump apretó un poquito más la tuerca.
Luego hablamos de eso.