Después de veintiocho años, la ciudad de Miami, la capital del exilio cubano, está en manos de una persona perteneciente al Partido Demócrata. Por primera vez en su historia tiene una alcaldesa, sí, una mujer. De eso se trata la democracia.
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Ha ganado Eileen Higgins, una demócrata, en el sentido partidista, una demócrata de manual, una demócrata típica. La señora nació en Dayton, Ohio, un lugar que me gusta mucho. Estudió en Nuevo México, un estado típico demócrata, y ha hecho su carrera promoviendo, ejecutando y defendiendo la visión ideológica de su partido.
Partido que cada día que pasa mueve su diapasón político hacia la extrema izquierda.
Ganó con el 58 % de los votos. Le ganó a una excelente persona, a Emilio González, un excelente administrador, pero un pésimo candidato.
He visto que los más famosos de los llamados influencers locales catalogan a Higgins como “comunista”.* Lo mismo hace mi tío Pedro con cualquiera que no sea recalcitrantemente anticomunista.
Yo no lo creo así. Y miren que soy todo lo contrario al comunismo, como lo somos todos los que tenemos sentido común y hemos en algún momento vivido, o sobrevivido, bajo un régimen comunista.
La victoria de Higgins es un ejemplo local de lo que está sucediendo en todo Estados Unidos. La polarización que ha provocado Donald Trump, al mismo tiempo que ha aglutinado a un gran grupo de seguidores fanáticos, ha reunido a un aún más numeroso grupo de personas que lo detestan, a él y a su movimiento MAGA.
Conste que yo voté por Trump, y lo haría de nuevo de no haber mejor opción. Un político no te tiene que caer bien, votas por ella o él si su gestión es efectiva. Detesto a Trump como persona, me gusta mucho de lo que hace, mas no la forma.
Y digo que Higgins es un ejemplo de lo que sucede a nivel federal porque esa misma tendencia se ve en todas partes: en Nueva York ganó Mamdani, declarado comunista; en Chicago gobierna el alcalde Brandon Johnson; en Seattle ha triunfado Katie Wilson, otra extremista. Y, en el Congreso, Alejandra Ocasio Cortés, Ilhan Omar y su pandilla siguen siendo las cabezas más radicales del Partido Demócrata.
Es una tendencia, y vienen las elecciones intermedias en 2027.
Higgins no ganó en Miami, el Partido Republicano se dejó ganar. Su inexistente actuar entregó a la capital del exilio al mismo partido que se da la lengua con la dictadura cubana. El mismo partido que liberó a los espías de la Red Avispa.
El mismo partido que dejó entrar a millones de personas sin siquiera revisar sus antecedentes. El mismo partido que sube impuestos y pone trabas a la empresa privada. El mismo partido que promueve impartir adoctrinamiento en temas sexuales a los niños.
No sigo porque la lista es demasiado larga.
Ya el condado de Miami Dade estaba en manos de esos mismos, ya les conté cómo el despilfarro de Levín Cava, la alcaldesa condal, me exprime el bolsillo cada fin de año con los impuestos de la propiedad, mientras me jode la vida todo el año con los baches y el aeropuerto ruinoso por el que me veo obligado a viajar.
Por supuesto, la nueva alcaldesa Higgins lo primero que hizo fue anunciar que la ciudad de Miami ya no colaborará con el Immigration and Customs Enforcement, el conocido ICE.
Típica demócrata, aunque, como les he dicho, los excesos de ICE se están pagando. Las formas, señores, las formas.
Viene el 2027; si la tendencia sigue así, los del bando de la libertad estamos jodidos.
Mientras, toca vivir bajo Higgins. Si no lo hace bien, en cuatro años la echamos. Espero.
Higgins tuvo el apoyo de su partido e hizo una buena campaña. A Emilio su partido lo dejó solo y perdió.
Sin histeria, se llama democracia.
Pero tampoco confiados, que la democracia se puede acabar después de una votación. Miren al Chile de Allende, a la Venezuela de Chávez, a la Nicaragua de Ortega y al México de AMLO y ahora el de Claudia Sheinbaum.
Les repito, yo pensaba tener un retiro en paz. Del carajo.
* Me enseñan un video de uno de ellos, que inicia su programa con un Mercedes Benz clase S y porta un Rolex Submariner. Nuevos ricos, qué cosas. Y esto es un chico que dice cosas bastante sensatas, pero coño, un poco de clase viene bien.


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