Ya conocen mi opinión sobre el presidente número 47. Como persona lo quiero lo más lejos posible de mí; como funcionario a cargo del poder ejecutivo de este gran país, creo que lo está haciendo bastante bien. Bueno, comparado con la noche que resultó el mandato de Biden, el de Trump amanece igual de dorado que sus pelusas.
A nivel doméstico lo que me importa es que baje el precio de la gasolina, de los huevos y que se restaure la ley y el orden. Lo primero es la base de la prosperidad familiar y lo segundo de la de todo un país.
A nivel internacional apoyó a los israelíes en su justa batalla en la sufrida Gaza, pero también los contuvo en sus excesos. Junto a Israel le pusieron un «estate quieto» a los ayatolás iraníes. Ni qué decir de Siria: una patada por el culo a rusos e iraníes y negocios con los que se quedaron con el pastel. Paz donde había guerra.
A Europa la tiene trabajando en fila. Rearmándose después de décadas de pasividad y complacencia, mientras el zar de Rusia hacía y deshacía. Putin les daba gas y ellos miraban a otro lado mientras asesinaba chechenos y ucranianos. Ahora hasta acompañan a Zelenski a verlo.
Pakistán e India, el perro y el gato y viceversa. Montan un showcito bélico cada vez que tienen asuntos internos complicados. Un enemigo externo siempre es buen recurso para apelar a la unidad nacional. Eso lo saben todos los políticos; el Orador Orate era un experto en el tema. Se montaron unas escaramuzas que no deberían importarnos, a no ser porque ambos tienen armas nucleares, y se odian.
Marco Rubio al teléfono con los pakis y J. D. Vance con los indios. Cese al fuego, hasta la próxima. Pero por lo menos se acabaron los cohetazos.
De China, ni les digo. Los chinos siguen expandiendo su maligna influencia por todo el planeta, pero ahora lo hacen con más sigilo. Sin tanto alarde. Además, pagando tarifas para contrarrestar tanta propiedad intelectual robada y tanto subsidio a sus chatarras.
Coño, que hasta yo me sorprendo de tanto éxito mientras escribo esto.
Y me da gusto cuando una política exterior da frutos en el sentido humano. Es decir, que le pone caras reales, rostros humanos, a su éxito.
Este domingo pasado, 24 de agosto de 2025, la eficaz política exterior de Trump, Rubio y Vance logró que Rusia y Ucrania intercambiaran más de 146 prisioneros de cada lado. Sean buenas o malas personas, regresan a sus hogares. El mérito se le dio a los Emiratos Árabes Unidos, pero apuesto que sé quién los ayudó.
Y de este lado del globo, qué les digo. El cabeza de maíz tiene al energúmeno venezolano chorreando palabras lastimeras como debe chorrear por el trasero algo igual de nauseabundo. Gime por ayuda a los Barrigones —ellos calladitos, calladitos—, implora a China, al que sea, «ayúdenme». Moviliza milicianos, dice que millones, si acaso serán miles. Él y su narcopandilla están que se cagan de miedo.
Y más porque este domingo ya llegaron frente a sus costas el USS San Antonio, el USS Iwo Jima y el USS Fort Lauderdale. Sus bodegas, además de misiles y drones, albergan a 4,500 gringuitos entrenados y armados hasta los dientes; de ellos, 2,000 son marines.
Imagino que los plomeros no den abasto de tanta faena en los baños de Miraflores. Ante todo esto, el exchofer de autobús, ahora sátrapa, liberó a trece presos políticos venezolanos que mantenía ilegalmente en sus mazmorras.
No los liberó porque sea un demócrata, o porque le vino un toque de decencia. Los soltó como aquellas ofrendas que hacían los aztecas a sus feroces dioses. Implorando su favor.
El Orador Orate hizo lo mismo innumerables veces, los cubanos como fichas de cambio. Los Panzones que mueven los hilos de la marioneta Madura lo saben.
Trece venezolanos que regresan a su familia. Y apenas los tres barcos van llegando.
Tan Maduro está que casi se cae. Incluso ofreció renunciar.
Les repito: como persona, al 47 lo quiero lo más lejos posible de mí, pero como presidente, me quito el sombrero. Espero que no negocie con el zar ruso otro intercambio, espero que Venezuela y Ucrania no se conviertan en fichas de cambio.
Espero.
Pienso que mucha gente, en buena medida influenciada por una media que su gran mayoría está parcializada a la izquierda, no se ha puesto a pensar en lo que Trump ha conseguido en estos meses de su segundo mandato. Ha intervenido directamente en conflictos internacionales no menos graves porque sean desconocidos por el gran público sus orígenes y posibles consecuencias, , y logrado al menos ponerlos en pausa. Donald Trump, en 2016 era para mí una suerte de vetete mediática, estridente y llamativa. Pero recuerdo el discurso que pronunció en Naciones Unidas donde dijo que si cada Jefe de Estado se ocupara de resolver los problemas de sus pueblos, el mundo estaría mucho mejor. No recuerdo exactamente las palabras. Pero ese fue el sentido. No se si alguien haya hecho pronunciamiento similar. Pero entre tanta perorata vacía sobre la coexistencia pacífica y otras expresiones ampulosas, aquel planteamiento debería poner a los líderes mundiales a mirarse para dentro. Claro que muchos de ellos viven de espaldas a sus pueblos, embarrados de corrupción hasta el cuello.Pero la aplicación de ese principio en USA es lo que condujo a la política de MAGA. Si el tipo es gracioso o no, si me tomaría una cerveza con él o no, eso no es importante para mi. Lo que quiero, al igual que tú, son resultados y hasta ahora pienso que va por buen camino. Además, todos los que lo critican, ¿Qué proponen para resolver los problemas que enfrenta este país? DEjar las fronteras abiertas? Continuar dejando que los trabajos se signa yendo a otros países? Continuar haciendo el ridículo como el de la "línea roja" de Obama en Siria que Hafez el Assad cruzó sin consecuencias o la vergonzosa y desastrosa retirada de Afganistán bajo la administración de Joe Biden? Continuar promoviendo esas distorsiones LGBT hasta en niños de preescolar en aras de una supuesta inclusión que tiene más poedofilia y corrupción que otra cosa? Eso para nada me interesa, al contrario, estoy firmemente en contra de esas políticas de buenismo y tolerancia extrema qfue dañan el tejido social.
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