Mucha gente me ha preguntado sobre las razones por las que titulé Se acabó la diversión a mi nuevo libro sobre la economía cubana en los primeros años bajo el poder de Fidel Castro. Les confieso que durante veinte años nunca supe cómo titular ese largo escrito. Largo en tiempo de elaboración, como el texto.
Ya durante la escritura final me llegó una especie de epifanía. Comprendí en un instante, redondeé una idea que rondaba en mi cabeza. Y es que comprendí como un todo lo perfectible que era Cuba como país antes de la llegada del Orate. Perfectible sin necesidad de instaurar un comunismo totalitario y empobrecedor.
Cuba era un país autosuficiente, competitivo, pujante. Los cubanos eran emprendedores, libres. Había ricos, clases medias y, es verdad, muchos pobres. Pero para sacar a esos pobres de su pobreza no era necesario destrozar las clases ricas y medias, destruir toda una economía y cercenar de raíz las libertades políticas.
Hoy todos los cautivos en esa isla cautiva, excepto los Barrigones que la desgobiernan, subsisten en una pobreza inaudita en este siglo XXI.
Sesenta y seis años perdidos. Si en 1959 se hubieran atacado las causas que empobrecían a un sector de los cubanos, ese país no estaría en la situación vergonzosa en la que hoy pena. En aquella Cuba había muchos pobres, pero al menos eran libres.
Hoy son pobres y esclavos.
Es por eso el título Se acabó la diversión.
Me vino de pronto a la mente la canción de Carlos Puebla titulada En eso llegó Fidel, un elogio lambiscón al tirano.
Y dice así:
Aquí pensaban seguir,
ganando el ciento por ciento,
con casas y apartamentos
y echar al pueblo a sufrir.Y seguir de modo cruel,
contra el pueblo conspirando,
para seguirlo explotando...
Y en eso llegó Fidel,
y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.Y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.Aquí pensaban seguir,
tragando y tragando tierra,
sin sospechar que en la sierra
se alumbraba el porvenir.Y seguir de modo cruel,
la costumbre del delito,
hacer de Cuba un garito...
Y en eso llegó Fidel,
y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.Y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.Aquí pensaban seguir,
diciendo que los cuatreros,
forajidos, bandoleros,
asolaban al país.Y seguir de modo cruel,
con la infamia por escudo,
difamando a los barbudos...
Y en eso llegó Fidel,
y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.Y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.Aquí pensaban seguir,
jugando a la democracia,
y el pueblo, que en su desgracia,
se acabara de morir.Y seguir de modo cruel,
sin cuidarse ni la forma,
con el robo como norma...
Y en eso llegó Fidel,
y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.Y se acabó la diversión:
llegó el Comandante y mandó a parar.
Carlos Puebla se alegraba, alababa, que Fidel Castro mandara a parar la democracia y la libertad.
Fidel Castro llegó a parar la diversión: la diversión de ser libres, de prosperar, de tener tu propio negocio, de tener libertad de movimiento, de asociación y derechos políticos.
Y en eso llegó Fidel, y todo eso se perdió. De eso trata mi libro, para que no nos pase nunca más.
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