miércoles, 7 de enero de 2026

Trump no se rige por principios

Foto: Fox News 

 

Veo a mucha gente con sentimientos encontrados después de la detención y extracción del narcodictador Nicolás Maduro y su esposa. La alegría inicial ha dado paso a una sensación de desilusión.

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Al parecer, mucha gente pensaba que, al día siguiente de la exitosa operación, María Corina Machado y el “carismático” Edmundo iban a estar en el balcón de Miraflores mirando cómo los marines metían a Cabello, a Padrino, a Delcy y a toda la cúpula del cártel de los Soles en un carro jaula.

Pero no. Ahí tenemos a Marco Rubio conversando con Delcy Rodríguez, personaje macabro, como si nada hubiera pasado. Parece que lo que ha quedado es un madurismo sin Maduro. Parece.

Yo creo que Estados Unidos aprendió las lecciones de lo sucedido después de las invasiones a Iraq y a Afganistán. Aquellas sí fueron invasiones, operaciones militares. La captura de Maduro, en cambio, fue una operación de seguridad pública. Una operación de búsqueda y captura.

Esas dos invasiones derrocaron y disolvieron dos tiranías, pero esos actos de justicia, en vez de un bien, resultaron en desastre para esas naciones. El vacío de poder fue ocupado por regímenes aún peores que los derrocados.

Y aquí entra Trump, personaje que, como saben, no es de mi agrado personal. Tampoco es que tenga que caerme bien. Trump, como persona, evidentemente es alguien a quien no me gustaría tener cerca o conocer personalmente.

Como funcionario público, yo creo que lo está haciendo muy bien, más aún si lo comparamos con el desastre que fue Biden y la blandenguería que dejó Obama. Fíjense que les digo que lo está haciendo bien en los hechos, mas no en la retórica. Por eso voté por él.

Recuerdo que durante su primer término como presidente, entre 2017 y 2021, yo decía que le quitaran el celular para que no estuviera todo el día diciendo estupideces por Twitter. El tipo habla mucha mierda, la verdad. Sin embargo, no pudimos tener mejor presidente para capear la epidemia de COVID.

En el caso de la extracción y enjuiciamiento de Maduro y su esposa, Trump actuó ejecutivamente. Bajo sus órdenes, se ejecutó una operación impecable. No descabezó por completo a la dictadura venezolana puesto que, al momento actual, no hay quien pueda ocupar efectivamente la administración del país.

Todo indica que será un saneamiento progresivo. Saneamiento que tiene múltiples facetas: desde los casos prominentes de Cabello, Padrino y Madurito el Príncipe, o eliminar la alianza con Hezbolá y Hamás, hasta el control de los violentos “colectivos” y las pandillas como el Tren de Aragua.

El deterioro institucional y de seguridad pública del país no se soluciona ni en semanas ni en meses, aunque sí en unos pocos años, si hay voluntad política.

Esa voluntad política es la que, al momento, les está siendo impuesta a Delcy y a los maduristas. O se alinean o los vuelan en pedazos poco a poco. Ya les demostraron que sí pueden.

Lo del narcotráfico es más fácil de controlar. Venezuela, más que productor, era y es sitio de tránsito de la droga producida en Colombia. Reforzando la vigilancia en la frontera y destrozando las lanchas que se atrevan a salir, disminuirá mucho el flujo de estupefacientes.

Los “tontos útiles” de siempre, los que apoyaban o toleraban las masacres de Maduro, ahora gritan y gimen alegando que Estados Unidos lo capturó para quedarse con las reservas de petróleo de Venezuela.

En primer lugar, a Estados Unidos no le hace falta más petróleo, mucho menos el pesado crudo venezolano. En el mundo hay sobrante de producción de petróleo. Si no, pregúntenle a la OPEP. Estados Unidos bien podría quedarse con él, que conste; recuerden a Hugo Chávez gritando: “Exprópiese” hace unos años. Y sí, expropiaron muchas propiedades de compañías norteamericanas.

Pero una cosa es que Estados Unidos no necesite el crudo venezolano y otra es dejarlo disponible para que China o Rusia sigan en el negocio del tráfico internacional de combustibles. O para que se siga abasteciendo a la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba.

Hablando de estos Panzones, Delcy también tendrá que disolver y devolver las llamadas brigadas médicas cubanas. Junto a ellos regresarán los agentes y las tropas, que, hasta hace unos días, los Barrigones negaban que estuvieran allí. La guardia personal que protegía a Maduro, que era cubana, no tendrán que devolverla, pues los hicieron picadillo los chicos de la 106th SOAR del U.S. Army.

Es decir, Trump jodió a Maduro, descabezó a su régimen y les demostró que, si quiere, puede acabar con la narcodictadura en unas horas. Puso a Delcy a su servicio, y ya veremos si se cumple lo que todas las personas decentes quieren para Venezuela: su libertad en democracia, su regreso al progreso.

Todo esto lo veo muy bien, pero aquí sale la cara fea de Trump. Hace cosas efectivas mientras habla sandeces, como denigrar a María Corina Machado. Es verdad que la popular líder, aunque muy querida por los venezolanos, no tiene poder efectivo en Venezuela. Ese lo tienen, todavía, Delcy y compañía.

Es una verdad irrebatible, pero ¿qué necesidad hay de decirlo de esa manera? Dicen que lo dijo porque está encabronado con María Corina por aceptar el Nobel de la Paz. No lo dudo, la verdad. Trump tiene un ego más grande que el portaviones Gerald Ford.

Por ese ego fue que perdió las elecciones en 2020, y probablemente hará que los republicanos las pierdan en el futuro. Se ha rodeado de una sarta de lameculos que le inflan aún más ese ego. Ha llegado a decir que Canadá es el estado 51 o que quiere anexarse Groenlandia, buscando bronca con dos aliados.

Muchas de sus acciones, al parecer, provienen de ese ego. Maduro se la pasó bailando las fiestas de fin de año y burlándose de Trump, y miren dónde está hoy. Los ayatolás iraníes lo retaron con su programa nuclear y se lo desaparecieron. Quien lo provoca recibe su odio.

Por el contrario, miren a Claudia Sheinbaum toreándolo, jodiéndolo, pero de manera taimada. Todavía no recibe su ira, pero también le llegará.

Milei y Bukele le besan las nalgas y son recompensados. Zelenski no lo hace y fue humillado. Les digo, como persona el individuo es despreciable.

A esto adiciónele su presunta fascinación con dictadores tan impresentables como Putin, Xi o el cohetero de Corea del Norte.

Mientras tanto, no se desesperen, no se desilusionen. Maduro está en la cárcel, el régimen narcoterrorista será eliminado eventualmente, la dictadura cubana se quedó sin un aliado y sin combustible, el mundo hoy respeta un poco más a Estados Unidos; también lo desprecia, pero eso siempre lo hará.

Pero para quienes vivimos aquí es mejor que desprecien a una nación poderosa y dispuesta a actuar, a que desprecien y odien a una debilitada y temerosa.

Más que por principios, Trump se guía por su ego. Lo bueno es que, al día de hoy, ese ego nos ha servido para joder a Maduro y encaminar a Venezuela a la democracia. Lo bueno es que ese ego le quitó el principal soporte a la Junta Militar que asfixia lo que queda de Cuba.

Gracias a ese ego, la larga noche de sesenta y siete años que cayó sobre la isla tiene una oportunidad de terminar.

 

Foto: Havana Times
 

No le hagan caso a Trump el pesado, el mala persona. Focalicémonos en los hechos, en la realidad.

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